Citas

"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen
a su libre arbitrio, bajo circunstancias
elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas
circunstancias con que se encuentran directamente,
que existen y les han sido legadas por el pasado"

Karl Marx, El Dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte

"Cada isla nos seduce, nos obliga a naufragar,
a llegar, llegar, llegar, a inventar un verbo nuevo"

Manuel Ramos Otero, Invitación al polvo

viernes, 15 de mayo de 2015

Acontecimientos y despliegues: cuatro años de #15M






Las cosechas más puras son sembradas en un suelo que no existe. Eliminan la gratitud y sólo se deben a la primavera.

René Char, Las hojas de Hipnos


#15M

Hay acontecimientos que cambian radicalmente nuestra percepción de la realidad, nuestra forma de estar y relacionarnos con los demás. Acontecimientos que se apropian el espacio, el tiempo y lo subvierten. Su intensidad y efectos son tales que construyen una suerte de vertical imaginaria en la conciencia colectiva, aquella que permite diferenciar entre un antes y un después: dormíamos, despertamos.

Han pasado cuatro años de aquel histórico 15 de Mayo de 2011, cuando muchas y muchos salimos a las calles gritando que no éramos mercancía en manos de políticos y banqueros, que la política realmente existente no nos representaba. Acampamos en diversas plazas -con Sol como centro aparente- y nos atrevimos a ocupar, por fin, el espacio público de nuestros barrios y pueblos. Se trataba de poner encima de la mesa lo que nos pasaba, lo que le pasaba a varias generaciones de personas que, decepción tras decepción, se encontraban sin alternativas ante una partitocracia corrupta y una crisis económica devastadora. El futuro pasaba por ir más allá de las migajas políticas de siempre. 

La respuesta del 15M fue recuperar la democracia radical, el diálogo, el consenso y la horizontalidad. Asamblea tras asamblea, logramos construir una nueva cultura política. Así, una sociedad civil desértica -que en años no se atrevió a "hablar de política"- comenzó a llenarse de iniciativas, de distintas apuestas para acabar con las desigualdades y echar a quienes habían provocado la crisis. Allí dónde aparecía un conflicto -educación, sanidad, vivienda, violencia policial, etc.- aparecía una red de solidaridad, un contagio de repertorios de acción, un enjambre de agentes que -gracias a la red- eran capaces de visibilizar lo que estaba sucediendo. Aprendimos, entre otras cosas, a hacer tecno-política y ser productores de información autónoma, ello nos permitió construir una agenda de movilizaciones que no necesitó de los medios de comunicación hegemónicos.

El 15M y su crítica de la representación fueron esenciales para crear un tejido político distinto, empoderado y participativo, que no se dejaba enmarcar ni por las etiquetas ideológicas clásicas, ni por las categorías que la democracia del 78 había forjado para la ciudadanía. Tanto los partidos que querían "liderar" el movimiento como sus detractores tenían problemas para golpear en la diana. Y es que, mal que les pese, tal diana sobre la que acertar no existió nunca. Los marcos eran otros. La gente no quería ser representada por los de siempre, quería participar. Y participar significaba tener voz, ser escuchado y tejer, junto con muchas otras personas, un relato colectivo y vital atravesado por nuevas referencias. La democracia, la crítica a la representación y la horizontalidad, con sus virtudes y límites según las escalas, nos permitieron pasar de ser sujetos a ser agentes. De este modo, se pudo dar forma a una innovadora cartografía de lo social y a una narrativa -o clima específico- que envolvía a quienes se sentían parte del movimiento. Lo importante -lejos de los liderazgos- era ser parte de una totalidad difusa que se reconocía a sí misma en la práctica, en la ética, en la estética y en el discurso. Lo importante era intervenir, de un modo más o menos inmediato, en la sociedad y sus relaciones.

El arraigo del 15M a los antagonismos sociales, como los de vivienda y sanidad, dio lugar a lógicas y repertorios de acción inéditos en la lucha por nuestros derechos. Las Mareas y la PAH, ésta última previa al 15M, han sido y son -por su manera de enfrentar los problemas y entrelazar conflictos- anticipaciones de lo que podría ser un nuevo sindicalismo social. Han sido ya ese sindicalismo, pero su esfuerzo podría ser profundizado y desplegado todavía más (especialmente en el mundo del trabajo, cada vez más diverso en cuanto a sujetos y modelos laborales, y donde los viejos sindicatos no hacen más que naufragar). En cualquier caso, y los años y las iniciativas políticas actuales lo han ido concretando, el 15M no fue una suerte de "ensueño" de jóvenes, sino un movimiento -o haz de movimientos- intergeneracional y arraigado en la materialidad de nuestras vidas. Gracias a la extensión de su discurso y prácticas, el 15M hizo envejecer la política española velozmente al tiempo que prefiguraba otro tipo de ciudadanía y agencia socio-política. De hecho, es este cambio de marco ciudadano el que permite explicar en el plano electoral la emergencia de nuevos partidos, con nuevas dinámicas (a veces no tanto) y herramientas de interacción mucho más actuales -hablemos de Podemos o de las apuestas municipalistas- .


¿Recordar o Hacer?

Recordar el 15M con nostalgia -¡pero si hoy y siempre ya es 15M!- o como una suerte de acontecimiento sagrado, con todo lo que ello significa (¡Amén!), sería el peor de los errores. De hecho, el término acontecimiento no deja de ser algo traidor. Porque aunque marca un antes y un después, no nos habla de las causas que lo produjeron, sino sólo de su capacidad o potencia para dividir la cronología. Fueron muchas iniciativas y colectivos quienes, previamente, prepararon el terreno para la emergencia de algo como "un 15M". Se llevaba sembrando desde hacía años. Pero lo hermoso de las cosechas, como decía René Char, es que eliminan la gratitud y acaban debiéndose sólo a la primavera. Es decir, lo hermoso del 15M es que no es de nadie, es de todas y todos (sigue siéndolo). La cuestión no es, no será nunca, volver a su potencia como recuerdo o nostalgia de un "pasado glorioso", de un momento en el que todo parecía suspendido en una atmósfera efervescente e irrepetible; tampoco sería muy productivo el administrar su identidad como sacerdotes o, peor, como pretendidos promotores de una "marca" (un sacerdocio todavía más horroroso, si cabe). La cuestión está, creo yo, en qué hacer con el 15M hoy. Qué hacer con él ahora. Que es lo mismo que qué hacer con nosotras y nosotros. Y viendo todo lo que se nos viene encima, aunque los resultados del ciclo electoral fuesen los mejores, más nos vale apelar, de nuevo, a su energía para seguir construyendo. Dentro o fuera de las instituciones, en las plazas o en los ayuntamientos. Porque sin sinergias plurales, sin despliegue y desbordamiento, sin innovación más allá de lo institucional, sin creación de redes de solidaridad y movilización, será difícil romper con el relato que nos vendieron, el régimen del 78, y el que pretenden aplicarnos ahora: décadas de miseria y austeridad. 

Nos toca seguir.

Pero también celebrar. Feliz #15M a todo el mundo.



Dedicado a las compañeras y compañeros de la Asamblea Popular de Ciempozuelos y Titulcia 15M, sin los que no sería ni un cuarto de lo que soy. Os quiero

lunes, 27 de abril de 2015

Ahora Ciempozuelos: el momento es ahora



There's a battle outside
And it is ragin'.
It'll soon shake your windows
And rattle your walls
For the times they are a-changin'.


Bob Dylan 



Ahora Ciempozuelos: irrupción política y mayoría


Soplan vientos de cambio en el sur de Madrid, soplan vientos de cambio en Ciempozuelos. Según la encuesta publicada hoy por el diario Zig Zag Digital, la candidatura de unidad popular y ciudadana Ahora Ciempozuelos ganaría las elecciones municipales de Mayo. Ahora Ciempozuelos irrumpiría en el ayuntamiento como primera fuerza política con 8 o 9 concejales (siempre según la horquilla de estimación del diario). Por otra parte, el PSOE y el PIC (Partido Independiente de Ciempozuelos) podrían aumentar su representación respecto a 2011: el primer partido sacando entre 5 y 6 concejales (frente a los 4 de los anteriores comicios) y el segundo subiendo de 2 a 3. Los grandes castigados en estas elecciones serían el CPCI (Ciudadanos por Ciempozuelos) y el PP. El partido local -liderado por Pedro Torrejón- caería de 3 concejales a 1 respecto 2011 y el PP -que sufriría un verdadero descalabro electoral- pasaría de 9 concejales a 4.  

La ciudadanía parece tenerlo cada día más claro: es necesario un cambio político profundo, una transformación social e institucional que, a la luz de las encuestas, requiere de nuevos agentes. Las viejas recetas del bipartidismo, aquellas que gracias a sus políticas neoliberales nos metieron en una crisis devastadora, ya no tienen sentido. Y no lo tienen porque el drama social que vivimos actualmente es responsabilidad suya y de quienes se han beneficiado económicamente del desastre. Frente a la corrupción, la destrucción de lo público, la opacidad y las fórmulas democráticas vacías del PPSOE, la apuesta de Ahora Ciempozuelos no es otra que la de devolver las instituciones a la gente, garantizar los derechos a toda la ciudadanía -una vida digna- y promover la construcción en común de un nuevo proyecto de pueblo. Un proyecto inseparable de justicia social, ética, transparencia, participación democrática, economía sostenible, empleo y la recuperación de un entorno -ecológico, urbano- abandonado y expoliado. Se trata de construir un municipio donde no haya lugar para esa casta corrupta, hambrienta de comisiones, que no ha dejado de enriquecerse con aquello que nos pertenece a todas y a todos.


CPCI y PP: la sombra de la corrupción y el expolio


Según el resultado de las encuestas, el gravísimo caso de corrupción protagonizado por el candidato del CPCI y ex alcalde del PSOE, Pedro Torrejón, pasaría factura a su formación política local. Recordemos que se trata de un proceso judicial ("el caso Ciempozuelos") en el que Torrejón y Joaquín Tejeiro, también ex-edil del PSOE, han sido imputados por cohecho, blanqueo y falsedad documental. Hablamos de adjudicaciones fraudulentas de terrenos a empresas (ESPRODE) y cobros de comisiones que ascendían a 40 millones de euros. Otra mancha más que pasa a formar parte del inagotable mapa de corrupción política que azota a la España del bipartidismo. Pero hay más gestos que pasan factura al CPCI: su colaboración -en forma de apoyo o abstención- con las políticas privatizadoras del PP también ha hecho mella en su legitimidad política. Y es que Torrejón ha utilizado su cargo para favorecer el mandato de un partido, el Partido Popular, que no ha dejado de expoliar lo público y destruir derechos sociales durante sus últimos 4 años de gobierno. 

Hacer un breve resumen de la "gestión" del PP es parecido -si no lo mismo- que señalar todo lo que va mal en Ciempozuelos: destrucción de la Escuela de Música y Danza de Ciempozuelos, gastos inflados en comidas y dietas, privatización de las instalaciones deportivas para los próximos 4 años, aumento de la deuda con la Mancomunidad de Servicios Sociales (mientras las partidas sociales son infrautilizadas), 9'5 millones de euros en facturas sin contabilizar, 90.000 euros en publicidad destinados a la auto-promoción, subidas del recibo del agua, aumento del IBI, permisividad con los vertidos de lodos en la localidad, etc. Una gestión a todas luces desastrosa, perjudicial para el municipio. Pero no contentos con ello, el gobierno del PP y su alcaldesa, Mª Ángeles Herrera, llegaron a protagonizar uno de los mayores esperpentos políticos de los últimos años: con un banco de alimentos necesitado de productos, un número creciente de familias en riesgo de exclusión o en proceso de ejecución hipotecaria, decidieron gastarse más de 21.000 Euros en poner una bandera de España a la entrada del pueblo. Patriotismo de hojalata: no se invierte en generar empleo, ayudas sociales, fomentar el comercio, revitalizar la agricultura local o producir espacios de ocio y cultura para la ciudadanía. Se "invierte" -si es que a eso se le puede llamar invertir- en ornamentos inflados de precio a través de dudosos contratos.Y, por supuesto, nadie le pregunta nada a los ciudadanos.

Es lógico que tras todo este desgobierno concertado, el PP y el CPCI caigan estrepitosamente en las encuestas. Parece que la ciudadanía ya no se fíe ni quiera fiarse de ellos. Lo cierto es que se han retratado como el tándem de la corrupción y la privatización, gracias a ellos el nombre de Ciempozuelos es asociado a lo peor de la política española. La caída del Partido Popular anticipa el final de su gobierno autoritario, difamador e incompetente. Pero su debacle electoral también revela otra cosa: una luz al final del túnel, la apertura de una nueva etapa política en el municipio.


¿Y ahora? Ahora Ciempozuelos, ahora el sur de Madrid


Por ahora las encuestas dan mayoría a Ahora Ciempozuelos, una mayoría simple que, a juzgar por el sentir de la calle, está en trance de consolidarse y expandirse. En cualquier caso, tendríamos que ser prudentes, respirar hondo y pararnos a reflexionar, ya que las encuestas son sólo eso: encuestas. Son termómetros de opinión que nos permiten valorar nuestro trabajo político y social (un trabajo que, no hay duda, parece ir en muy buena dirección). Caeríamos en un error si construyésemos castillos en el aire o nos dejásemos seducir por los cantos de sirena de las cifras y las gráficas. No hay tiempo para eso, nuestro tiempo tiene que estar en otras cosas. Por ahora seguimos en las plazas, en las calles, en los espacios de la ciudadanía haciendo lo que sabemos: escuchar, dialogar, construir pueblo con la gente. Seguimos teniendo lo mismo con lo que empezamos, que no es poco: ganas, conocimiento, capacidad para cooperar, un programa político hecho por el pueblo y un fuerte deseo democracia, justicia y transformación social. Tenemos también mucha, mucha ilusión. Si algo cambia después de esta encuesta es que sabemos, con mayor certeza que ayer, que no estamos solos, que somos multitud, que es mucha la gente que nos acompaña en el camino. Gente por la que merece la pena luchar y llegar muy lejos, todo lo lejos que podamos.

Quizá Ciempozuelos pueda convertirse -gracias a Ahora Ciempozuelos- en uno de los municipios por los que comience la transformación del sur de Madrid. Las urnas lo dirán. Pero ya no hablamos de una mera idea compartida, sino una alternativa colectiva con posibilidades de gobierno cada vez más reales. Y, hay que decirlo bien alto, no es la única en el sur madrileño: Leganemos, Ganemos Pinto, Ganar Fuenlabrada, Ganar Alcorcón, Ganar Humanes, Vecinas y Vecinos de Torrejón de Velasco - Creando Municipio, Aranjuez Ahora o Ganemos Valdemoro, por ejemplo, son procesos cercanos con características parecidas. Si las candidaturas municipalistas son capaces de ganar en los territorios locales, amplificando la movilización ciudadana y el músculo social, podrá consolidarse un tejido municipal muy fértil: al fomentar la participación y estar en constante diálogo/escucha con las iniciativas y demandas populares, serán los propios ciudadanos quienes puedan ayudar a materializarlas, quienes puedan co-diseñar su entorno. Ese debería ser el verdadero sentido de una democracia de proximidad que cree en el derecho a la ciudad. En todo caso, será necesario constituir una "federación" o "movimiento federador" que permita a estas nuevas candidaturas compartir experiencias, conocimientos, diagnósticos y estrategias de intervención local. Algo que puede implementarse por medio de la creación de espacios políticos comunes, Observatorios Ciudadanos u Observatorios Municipales, redes de coordinación, formación y aprendizaje. Una apuesta colectiva que posibilite el uso cooperativo de los recursos de los municipios, que convierta los ayuntamientos en un contrapoder para viajar más allá de los límites del régimen del 78. Y es que habrá que estar alerta ante los recambios que las élites han preparado para perpetuarse en el poder y seguir con el expolio, como el partido Ciudadanos (C's). Porque las élites políticas y económicas, como en la transición, sólo tienen un objetivo: que todo cambie para que todo siga igual.

Pero las cosas están cambiando.

El momento es ahora,  Ahora Ciempozuelos. Salimos a ganar. Contigo.



sábado, 11 de abril de 2015

IUCM no es Ganemos, es la marca de los usurpadores






Jealous cowards try to control
Rise above! We're gonna rise above!
They distort what we say
Rise above! We're gonna rise above!
Try and stop what we do
Rise above! We're gonna rise above!
When they can't do it themselves
Rise above! We're gonna rise above!


We are tired of your abuse
Try to stop us; it's no use!


Black Flag, Rise Above




Usurpar


Ayer, día 10 de Abril, se filtró a la opinión pública la última "estrategia" de IU Comunidad de Madrid (IUCM) para hacerse un hueco en la Asamblea madrileña. La palabra estrategia es excesivamente benevolente, sería mejor decir argucia, artimaña, embuste o, directamente, desfachatez. A los ilustres dirigentes de IUCM no se les ha ocurrido otra cosa que usurpar el nombre de Guanyem Barcelona, Ganemos Madrid y el de otras Candidaturas de Unidad Popular que incluían la marca Ganemos; además, lo han hecho utilizando los tradicionales subterfugios de los "viejos aparatos": las negociaciones en los despachos, el secretismo y el más absoluto silencio. Si no se hubiese filtrado la noticia justo en vísperas del cierre de inscripción de coaliciones, probablemente la jugada hubiese sido maestra (aunque no deja de serlo, merece una solemne distinción a la bajeza y la falta de escrúpulos). Pero el olor a rancio, las moscas y la putrefacción no son fáciles de esconder: siempre acaban delatando. Y no importa ni las cantidades de colonia comunista que nos echemos ni las veces que repitamos -con aires de compromiso- la palabra "izquierda" o "trabajadores".

Los conspiradores de IUCM han sido listos, pero -reconozcámoslo- no han demostrado excesiva creatividad: esta usurpación de marca se basa en otra usurpación previa, la que protagonizara Julià de Fabián López a la hora de inscribir -con nocturnidad y alevosía- el nombre de Guanyem/Ganemos en el registro de partidos. De Fabián -postulante a político de infructuosa carrera- pretendía así garantizarse un espacio en el proceso de formación de Guanyem Barcelona, que hoy -tras la inclusión de Podemos- se llama Barcelona en Comú. Nuestro particular homo politicus, por cierto, no es lo que podríamos denominar un hombre de izquierda: lo intentó con Ciudadanos, UPyD, Escaños en Blanco... hasta que en 2011 consiguió, por fin, su anhelado acta de concejal. En este lucha por la poltrona no le ha importado sentarse con la extrema derecha del Movimiento Social Republicano (MSR), con quienes comparte plataforma: Hartos.org. Un hombre inquieto y con pocos prejuicios, vaya.

A pesar de presentar información falsa, la complicidad del Ministerio de Interior permitió a de Fabián apropiarse la marca de un proceso político cuyos dueños legítimos eran sus participantes: la gente. Picarescas políticas. Lo único que deseaba era una posición de poder para negociar sus posibilidades dentro de la organización, ocupar un asiento si se ganaban concejalías o alguna alcaldía. La negociación de IUCM con de Fabián para comprar el logo "Ganemos", debe entenderse justo en este mismo sentido. IUCM, llena de escándalos por las Tarjetas Black, vaciada por la espantada de su sector más crítico y potente -Tania Sánchez y Mauricio Valiente, entre otras-, incapaz de realizar ningún gesto regenerador (regeneración... ¡cuántas veces habremos escuchado esa palabra!), ha tenido que actuar a la desesperada. Y lo ha hecho en un despacho, apropiándose de una marca ajena que no le pertenece. Al querer concurrir a la elecciones autonómicas y municipales bajo el paraguas robado a "Ganemos", ha comprometido el carácter y la existencia de plataformas políticas en  Madrid y otras comunidades (Castilla La Mancha, Baleares, Cantabria y Extremadura). Pero eso no les importa, porque no les importa la gente.


Chantajes y mentiras 

La artimaña de IUCM demuestra, una vez más, y con claridad,  dónde están las líneas rojas que separan la vieja política de la nueva política. Si por algo se han distinguido las candidaturas "Ganemos" constituidas en Barcelona y Madrid, ello ha sido por su transparencia, democracia, apertura y participación. Programas realmente participados por la ciudadanía, democracia en red, espacios públicos de debate y colaboración, medidas elaboradas por los agentes del territorio, candidaturas abiertas o cuentas públicas, han sido los emblemas de la nueva política surgida tras la ola de movilizaciones del 15M. Frente a esta forma innovadora de hacer política, la vetusta imagen del despacho y la cena entre cúpulas, donde todo se decide en secreto, tras los bastidores. Nada más anti-democrático, opaco y digno de organización mafiosa. Podríamos entender lo sucedido ayer en IUCM como un chantaje de esa vieja política, tan bien engrasada por el régimen del 78, hacia el empuje de una serie de de candidaturas que no ha necesitado ni de siglas, ni de identidades vacías para confluir y convertirse en una verdadera alternativa de gobierno. El reconocerse en las calles como gente común, como pueblo, como ciudadanía, como trabajadoras y trabajadores, como indignadas e indignados con el gobierno de la austeridad, ha sido suficiente para construir un "nosotros" sólido. Mucho más sólido que las siglas de IUCM, que ya poco tienen que ver con la realidad social y política de la Comunidad de Madrid. Aunque tal vez tengan mucho que ver. De hecho, tienen muchísimo que ver, pero bajo la forma del escándalo: Ángel Pérez, Gregorio Gordo, Carlos Paíno, Tarjetas Black.

Lo que resulta imperdonable de este atraco político es la estrategia de "apropiación" (o "privatización") realizada por IUCM respecto de procesos que están años luz de sus sucias prácticas de aparato. Tan lejos de su concepción de la democracia y de la sociedad. Lo que han buscado conseguir al quedarse con las siglas "Ganemos" es, a través de la confusión del electorado, rentabilizar el trabajo que muchas y muchos llevaban meses realizando para poder construir candidaturas de confluencia. Y construir una candidatura de confluencia o de unidad popular no es nada fácil: se necesita muchísimo tiempo, generosidad, horas de esfuerzo, equipos para coordinar múltiples actividades (lanzamiento de campañas, presencia en redes, publicidad, creación de eventos, etc.), capacidad de mediación, destreza jurídica, conocimiento del entorno, etc. Por no hablar de la ilusión que se pone en un proyecto de tal magnitud. Algo que a IUCM no le ha importado pisar en absoluto, porque lo único que parecían anhelar era el reparto de una serie de retribuciones económicas y políticas marginales, unos pocos asientos, unas pocas cuotas y, si podían, boicotear a las candidaturas existentes o presionarlas para incluir en ellas a sus "paracaidistas" (y si no, ya lo harían con sus propios "IU-Ganemos"). Ese es su juego. ¿Se dan cuenta del golpe que supone para militantes que han puesto sus empeños en crear candidaturas de confluencia? ¿Todo el trabajo que tiran por tierra? ¿No caen en cuenta de lo que le hacen a la ciudadanía involucrada y a la opinión pública? ¿Una opinión que se encuentra las mismas prácticas a la izquierda y a la derecha? ¿Se dan cuenta, en fin, de lo que este golpe supone para IU Federal, que se ve salpicada por un cáncer que apunta hacia su disolución más pronto qué tarde?


 ¡Bombardead -de una maldita vez- el cuartel general!

La actuación de IUCM ha sido condenada con tibieza por algunas autoridades de IU, un gesto que no presagia nada bueno (ni para la izquierda, ni para la ciudadanía ni para la política en general). Las apelaciones a la "ética" por parte de Alberto Garzón, que ha llamado "trampa" a la vil actuación de IUCM, son demasiado timoratas, excesivamente condescendientes. Que Luis García Montero, flamante candidato por Madrid, hable de rectificaciones y de dar explicaciones, sólo puede tener dos interpretaciones: o es un florero que no se entera de nada de lo que sucede en su agrupación política, cosa que resulta dudosa, pero -en fin- mantengamos un poso de duda poética, o que su grado de hipocresía con la militancia es extremo (una treta como esta no se hace del día a la mañana). "Rectificar y pedir perdón" por una estrategia de latrocinio como la acometida, de la que ni siquiera los propios afiliados a IU tenían noticia... la palabra dimisión o la petición de responsabilidades en sentido disciplinario, por supuesto, nunca aparece. Algo que denota el conocido "apoltronamiento estructural" de IUCM. 

Tras estos acontecimientos, el diagnóstico para IU es funesto. Aunque la reciente intervención de IU Federal ha sido contundente en la Comunidad de Madrid, la situación puede ser insostenible en otras comunidades o municipios, y ya probablemente sea demasiado tarde. Porque ¿Qué es lo que representa IUCM y, por contagio, que es lo que representarán los "Ganemos" de IU en  otras comunidades si no son frenados? El afán de una serie de profesionales de la vieja política (apparátchiks de toda la vida) con másteres avanzados en prebendismo y redes clientelares, por llegar al poder. No representarán a la ciudadanía, ni mucho menos a la "izquierda" o a los "trabajadores", esas palabras con la que tanto se llenan la boca. No deja de ser ridículo, por cierto, el uso en ciertas corrientes de IUCM del término izquierda: orgullosos de una palabra, sí, pero no de sus implicaciones materiales y prácticas. Un uso estético y ad nauseam del término, puramente resistencialista, que denota el vacío orgánico y la ausencia de implantación real en la sociedad de la agrupación. La misma agrupación que sólo se enteró del 15M cuando ya no le quedaba más remedio y que sigue sin entender el significado de Podemos.

Urge bombardear el cuartel general y hacer algo nuevo, hay todavía demasiada gente capaz, inteligente y generosa en IU. Gente que sigue luchando por un proyecto que hace aguas y que, con toda probabilidad, acabará quemando su dignidad en la pira de una organización que lleva años sin entenderles. Luego no será fácil librarse del olor hediondo del engaño, la putrefacción y la corrupción. IUCM puede jugar a confundir, pero cuando no se tiene capacidad para ello, ya sea porque la gente está harta ya porque hay agentes políticos más potentes en el tablero, se pierde lo poco que se tenía: incluso la palabra izquierda. Porque ¿A qué comprometía un pacto con un personaje como de Fabián? ¿Un tipo que se ha sentado con la extrema derecha y en todas las mesas? ¿A darle cuotas de poder? ¿Con qué se ha compró el logo de "Ganemos"? ¿Con el dinero de las "Tarjetas Black"? ¿Con un puesto principal en una lista municipal o autonómica? Lo que es seguro es que se ha comprado con la desvergüenza, con la peor bajeza y la mayor ruindad.

Para finalizar, sólo señalar que todas las personas que forman -formamos- parte de Candidaturas de Unidad Popular deberíamos dejar claro quienes somos y qué no somos: somos el pueblo, la gente, la ciudadanía, las trabajadoras y trabajadores. El común. No somos siglas, no somos ese "Ganemos" fantasma comprado por IUCM, esos ladrones de candidaturas que, seguro, han pagado un logo ajeno con el dinero de la corrupción. Toca desmarcarse, criticar y trabajar en favor de la descomposición del engendro en que se ha convertido esa "izquierda de aparato". Y, sobre todo, toca continuar, toca luchar, toca seguir esforzándose por asaltar las instituciones y ponerlas al servicio de la gente. Para eso es para lo que hemos venido: para hacer realidad la democracia, acabar con la austeridad, hacer limpieza y terminar -de una vez por todas- con la vieja política.



 * El diseño del logo es de José Daniel de Castro




viernes, 13 de febrero de 2015

Por una Comunidad para la gente: Podemos Ganar Madrid







Una Comunidad arruinada 

         Cualquiera que se dé una vuelta por el sur de Madrid, a poco que recorra unas cuantas calles o manzanas, podrá comprobar en primera persona los efectos de las políticas neoliberales de la última década: una suerte de política urbanística y económica de "tierra quemada", donde se han sacrificado los servicios y los derechos de la gente al ritmo desenfrenado de la burbuja inmobiliaria. Los efectos del desastre forman parte de nuestro horizonte más cotidiano, sus imágenes son bien conocidas: fábricas ruinosas y negocios cerrados, equipamientos desgastados, elevadas tasas de paro estructural, servicios municipales bajo mínimos y un grupo considerable de la población que, día a día, se aproxima cada vez más al umbral de la exclusión (si no lo ha atravesado ya). Por no hablar de la violencia de los desahucios, cuyo sangrante goteo deja sin hogar a familias enteras todas las semanas.

         No hace falta que insista mucho en ello, porque todas y todos conocemos el relato, pero desde que el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español pactaran la modificación del artículo 135 de la Constitución -esa "intocable" carta magna-, las condiciones sociales de toda la ciudadanía no han hecho más que empeorar. Contentar a la Troika y poner la deuda (una deuda en muchos sentidos ilegítima) por delante de las personas, ha acelerado súbitamente el ritmo de pauperización social y económico de la ciudadanía. En los municipios de la Comunidad de Madrid, especialmente en el sur, estamos comenzando a ver la profundización de dicho acuerdo con la nueva Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local: gracias a ella, el neoliberalismo y el capitalismo más depredador bajan de escala, se instalan en cualquier lugar de la Comunidad de Madrid, y se disponen a ejecutar un proceso de privatización, destrucción de derechos y competencias municipales jamás visto. 

    Justo cuando la gente necesita unos Servicios Sociales fortalecidos, renovados y capaces de apoyar a la ciudadanía, dichos servicios corren el riesgo de la externalización y privatización con las nuevas reformas. El criterio, cómo no, es político y sólo aparentemente económico, nunca humano: ese tramposo “lo que no pueda financiarse, que se privatice”. Como si esto solucionase algo, como si pudiéramos prescindir de lo más básico. Ya hemos visto lo que sucede en la sanidad cuando las lógicas contradictorias del beneficio económico y el cuidado se ven obligadas a coexistir: una precarización radical de la vida. Pues bien, ese será el futuro de los derechos y servicios sociales de la ciudadanía si nadie es capaz de frenar el proceso. La misma estrategia se extiende a todas las demás áreas: la enseñanza, la sanidad, el ocio y el deporte, la cultura, etc. De seguir así, asistiremos a un proceso de dualización general de la sociedad, de nuestras formas de vida, que destruirán cualquier forma de cohesión social a medio y largo plazo.


Podemos Ganar Madrid

         Cuando muchos apostamos por Podemos como herramienta para impulsar una transformación política y social, lo hicimos pensando en frenar el proceso de desposesión colectiva arriba descrito. Entendimos que se abría una oportunidad única para el asalto institucional a todos los niveles y escalas de gobierno: se trataba -y se trata- de ganar desde el Estado hasta el más pequeño concejo. Dentro de estas escalas, el ámbito autonómico es fundamental, y la Comunidad de Madrid será decisiva para revertir el expolio que los gobiernos del PP y el PSOE llevan años practicando sobre la gente. 

         Ahora es tiempo de elecciones para Podemos en Madrid, y el partido necesita contar con un Consejo Ciudadano que posea auténtica implantación territorial, un conocimiento profundo del entorno y sus problemas. En este sentido, y a pesar de la gente valiosa que hay en otras candidaturas –un hecho innegable–, dudo mucho que alguna de ellas pueda equipararse a PodemosGanar Madrid. No son sólo los nombres y las caras, sino la potencia del proyecto, su mirada sectorial y territorial. Podemos Ganar Madrid aglutina en su candidatura a especialistas sobradamente competentes en economía, ecología, justicia, sanidad, género, educación, inmigración o participación; hablamos de referentes en la lucha por los derechos sociales y militantes de diversas generaciones (Miguel Urbán, Jorge Riechmann, Beatriz Gimeno, Cecilia Salazar, Alberto San Juan, Jaime Pastor, Luis Montes, Rommy Arce, Alba Contreras, Diego Pacheco, Isabel Serra, Jacinto Morano, etc.), una conjunción esencial para practicar una política consistente. Pero lo importante de la candidatura –repito– no son sólo los nombres, sino también su proceso de elaboración. Lejos del secretismo, el golpe de teléfono o la estrategia desde arriba, Podemos Ganar Madrid ha apostado por la apertura y la horizontalidad, por el espíritu que ha hecho que Podemos marque la diferencia para la gente de a pie: una confección de la candidatura desde abajo, transparente, que ha contado con la invitación de los Círculos de Madrid y que –haciendo gala de inteligencia colectiva– ha construido su programa y organización de forma abierta y participada. Y hay que señalar que las formas en política son muy importantes. 

      Las formas son importantes, decía, porque muestran –entre otras cosas– las relaciones que recorren el cuerpo de los colectivos. En el caso de Podemos Ganar Madrid, hemos podido ver la porosidad de sus dinámicas, su apertura hacia un exterior –el de la ciudadanía y los movimientos sociales– que ya no quiere ser gobernado como antes, que busca construir otros nexos políticos de sentido que den forma a una nueva cultura democrática, alejada del régimen del 78. Esto es esencial, porque si algo nos ha demostrado la ola de movilizaciones iniciada en 2011 con el 15M, es que la gente quiere participar, quiere ser consultada y convertirse en algo más que un mero interlocutor publicitario en período de elecciones. Podemos Ganar Madrid, desde su propia constitución como candidatura, ha mostrado un firme compromiso y una sensibilidad fuera de lo común en esta dirección. Ha vuelto a dotar al significante gente, tan utilizado por Podemos, de toda su densidad humana, participativa y cooperativa. Un Consejo con gente así, con gente del común en diálogo con el propio común, es lo que necesita la Comunidad de Madrid para ganar. Por todo ello, yo votaré Podemos Ganar Madrid.


 Coda

       (1) Personalmente, y como participante en Podemos, considero un grave error que se me haga votar una lista. Es decir, me parece erróneo que el juego democrático y de organización interna de Podemos se desarrolle en torno a listas en competencia que poseen distintos “avales” La desigual proyección mediática y carismática de estos avales (la lista oficialista de Pablo Iglesias, las demás listas) desequilibra en exceso las posibilidades de las candidaturas (aunque eso ya lo sabemos). Si en lugar de listas se presentasen candidaturas individuales y se acordasen criterios de promoción, la lista final de consejeras y consejeros sería mucho más plural y potente. Además, se confiaría en el criterio de la gente, sin aderezos ni marcas. (2) El error de las listas se incrementa al poder votarlas “en plancha”, lo cual impide construir una trama organizativa plural, integradora y cohesionada. Esto no sólo desgasta a los equipos que han hecho campaña, sino que supone un desperdicio de capital militante que Podemos no debería permitirse. Porque es esa militancia la que en un futuro próximo deberá dotar de implantación social a la organización política, y esto sólo se consigue con una lógica aglutinante y pluralista, muy lejos de los cierres y los dimes y diretes de la competencia (que puede llegar a ser auto-destructiva o, cuanto menos, asfixiante). (3) Para terminar, considero que el abandono de la innovación democrática y la implantación social en favor una supuesta eficacia electoral –un sofisma, pues no tienen por qué estar reñidas– ha hecho y hará un flaco favor a la organización. Algunos de los problemas que padecemos hoy día son, en gran medida, efecto de esto último. En un futuro tendremos que vérnoslas con contextos más complejos, alejados de lo mediático y lo electoral, y entonces quizá tengamos que afrontar los errores con mayor dificultad.




miércoles, 28 de enero de 2015

Hacer política e historia desde abajo: una nota política (breve) sobre Ganemos Ciempozuelos.



            


      


     Cuando la gente me pregunta últimamente por el "milagro" de Ganemos Ciempozuelos, preocupada como lo está ante las puñaladas de la tan cacareada "nueva política" (demasiado parecida a la vieja, o mejor, añeja), siempre les respondo lo mismo: quienes integramos esta apuesta llevamos prácticamente cuatro años trabajando juntas, encontrándonos en las mismas manifestaciones, en los mismos espacios de antagonismo (Sanidad, Educación, Vivienda, Zonas Verdes, etc.); casi cuatro años haciendo propuestas colectivas para mejorar el municipio, construir una democracia de proximidad, participativa, y denunciando la expropiación de derechos a la que se ha sometido a vecinas y vecinos. Son cuatro años que nos han enseñado que las siglas y las identidades fáciles, cuando son sólo eso -cáscaras vacías y estéticas que lucir- no sirven para nada. Al menos no para hacer política. Lo que si sirve es la cooperación: poner todas las cartas sobre la mesa y buscar la confluencia a partir de los proyectos y objetivos compartidos. Lo que cuenta es, en definitiva, el trabajo colectivo y el hacer saber a la gente, por activa y por pasiva, que pueden contar con una. Eso permite constituir una identidad mucho más potente e integradora.

      Estos cuatro años no han sido fáciles. Durante este tiempo, muchos de los colectivos (15M, IU, Podemos, Equo) y personas involucradas en Ganemos Ciempozuelos hemos reído, llorado, soñado, luchado, sufrido y discutido juntas. Nos hemos dejado de hablar, nos hemos insultado y hasta nos hemos atrevido a reconciliarnos. Es decir, en estos últimos años nos hemos conocido, hemos aprendido a saber quiénes somos, cómo funcionamos e incluso cuáles son nuestros límites. Algo esencial para poder confiar las unas en los otros. Las dinámicas colectivas son así, máxime cuando se sostienen en el tiempo durante varios años. Los egos, las agendas propias, los malentendidos y los siempre oscilantes afectos de la micropolítica, llevan a campos de tensiones y situaciones no siempre fáciles de resolver. Hemos vivido varias coyunturas frágiles y explosivas a lo largo de estos años, pero creo que hemos sido lo suficientemente cautas -lo suficientemente cuidadosas- para dejarlas suceder antes de construir la plataforma Ganemos. Lo que no significa que estemos completamente vacunadas. Ni siquiera que muchas queramos estarlo: es del disenso desde donde se construyen los consensos democráticos, que no son otra cosa que la articulación virtuosa de un conjunto de diferencias que trabajan por un mismo objetivo. En cualquier caso, las dificultades para confluir en el pasado no eran una cuestión menor: cuando nos abrimos desde Podemos Ciempozuelos -un "podemos" integrado por gente de distintas trayectorias militantes- a una candidatura popular, teníamos que estar totalmente seguras de que era la apuesta adecuada. Necesitábamos tener la certeza de que -en la medida de lo posible- no habría sorpresas desagradables en medio del camino. Así lo creímos en común y así ha sido. Ahora nos vemos recompensadas con creces. 


     La dinámica de los grupos de trabajo de Ganemos Ciempozuelos es, ha sido y será, la de la participación; al abrir la candidatura a todo el mundo, hemos conseguido poner la inteligencia colectiva de la ciudadanía al servicio de la transformación del municipio. Cualquiera podía acercarse, proponer y evaluar lo que allí se hacía o decidía. Su voz contaba. Y ello era posible porque tanto los grupos como las asambleas eran públicos y abiertos. Gracias a esto, gente que no se había involucrado con anterioridad en ningún movimiento o proyecto político ha podido aportar su perspectiva, ofrecer su saber o proponerse como candidata. El proceso ha llevado, finalmente, a tener unas elecciones primarias sorprendentemente participadas. Las primeras elecciones primarias con este carácter en Ciempozuelos. Más de 430 personas se han pronunciado -ya por la red, ya en urna presencial- sobre la candidatura ciudadana. Todo ello hace que la apuesta de Ganemos haya sido un verdadero éxito en cuanto a cooperación e ilusión. Hemos logrado construir, entre todas y todos, un nuevo capítulo en la historia popular de Ciempozuelos.


     Hay pocos secretos en Ganemos Ciempozuelos, y sí mucho trabajo detrás. Lo que define esta candidatura es su transparencia, su democracia, su apertura real al pueblo, la producción de conocimiento colectivo y el deseo de recuperar Ciempozuelos para toda la ciudadanía. Frente a castas, redes clientelares y oligarquías, la democracia viva y la alegría de la multitud. Una multitud dispuesta a asaltar las instituciones, a ponerlas al servicio del pueblo y devolver a la gente los derechos y servicios que nos han sido robados. Eso y muchas más cosas es Ganemos Ciempozuelos.



Una nota en clave práctica


     Son los procesos, y no los planes a priori de ningún colectivo particular, quienes marcan al final las agendas políticas. Es la cooperación que somos capaces de construir y el tejido social, militante y organizativo del que disponemos (a veces generoso, otras muy rácano), lo que va a condicionar los resultados de una plataforma ciudadana (llámese Ganemos o como se quiera). Vamos a encontrarnos escollos a muchos niveles, pero si la dinámica colectiva es abierta, democrática y transparente, tal y como ha sido en Ciempozuelos, es importante ser flexibles y evitar confrontaciones que puedan cerrar el proceso (y destruir así todo el trabajo realizado: una inversión de tiempo, afecto y esperanzas muy costosa). Muchas compañeras y compañeros me han hablado de los problemas que está entrañando abordar la cuestión de la forma jurídica a través de la que presentarse a las elecciones municipales. Un problema, al parecer, recurrente en todas las candidaturas de unidad popular.  Lo importante, pienso, no es si apostar por “coalición de partidos o agrupación de electores”, eso es una cuestión claramente menor. Es simplemente una forma jurídica que se adopta para concurrir electoralmente. Lo importante es cómo construimos un proceso democrático, participado por agentes sociales del territorio, cuyas asambleas sean públicas y que permita realizar unas primarias sin trampa ni cartón (sin cuotas, repartos de poder secretos o intervenciones de última hora). Unas primarias auditadas por una empresa independiente del colectivo, para así dotar de mayor transparencia y seguridad los resultados. Eso garantiza que la candidatura sea popular y ciudadana de verdad. Perderse en el debate de las formas jurídicas antes de comenzar un proceso de diálogo, es algo que se me antoja apresurado, absurdo y contraproducente. Es lo mejor para no hacer el esfuerzo político de construir con él o la de al lado. Podemos preferir una forma legal u otra, está claro, pero ello no debería bloquear un camino que puede revelarse riquísimo en matices políticos y de aprendizaje colectivo. Un recorrido que además resulta esencial para conquistar las instituciones. Si algo ha conseguido Ganemos Ciempozuelos, y esto es algo que hace 4 años parecía imposible, es hacer que las dinámicas del mejor 15M -Podemos mediante- entren a formar parte de los requisitos necesarios para producir una confluencia política. Quién nos lo iba a decir.


     En cualquier caso, y cerrando la cuestión de la “forma jurídica”, lo más importante es que Ganemos adquiera una identidad plenamente colectiva tras una trayectoria democrática como la arriba señalada; de manera que la forma sea sólo eso: un detalle formal desbordado por la democracia y el sentido común de todas y todos.