1.
Karl Marx y el Periodismo
No deja de resultar paradójico que aún
hoy, tras un dilatado siglo de investigaciones en el campo del marxismo,
sigamos teniendo que insistir en la importancia de la producción periodística
de Karl Marx. De hecho, pareciera que al abordar su labor como periodista –una actividad
que abarca varios períodos fundamentales de su vida intelectual y política–
todavía tuviésemos la obligación de acompañar nuestras palabras con una suerte
de justificación general sobre el tema. Algo así como una “exigencia probatoria”
sobre el valor de los artículos y crónicas del filósofo. Esto revela, sintomáticamente,
un conjunto de criterios y hábitos hermenéuticos más profundo en el seno del
marxismo: y es que sigue existiendo un canon de lectura muy generalizado que considera
el periodismo de Marx como una obra menor
o –en el mejor de los casos– una fuente
de segundo orden respecto de sus textos teóricos y filosóficos (ya sean los
Manuscritos económico-filosóficos de
1844, los bocetos que dan forma al texto conocido como La ideología alemana (1845-46) o El Capital (1867)). Tomando como referencia diversos testimonios diseminados
por la obra y epistolario del pensador[1], su
periodismo ha sido entendido por gran parte de la tradición marxista de dos
maneras predominantes: o como una tarea juvenil
de iniciación a la crítica social
o, en lo que respecta a otras etapas más maduras de su actividad periodística, como
un mero trabajo de supervivencia, siempre
inferior en naturaleza, calidad y contenido a sus obras científicas.
Ambas lecturas mirarían de manera unilateral
el periodismo del filósofo: el primer tipo de lectura, al acercarse únicamente
a la producción juvenil del autor, ubicaría los artículos de Marx en un espacio
“pre-teórico” y meramente “formativo”, anterior a la escritura de sus primeros
textos filosóficos y económicos de importancia; el segundo tipo insistiría en
realizar –frente a cualquier reconstrucción histórica– una lectura inmediata y poco
reflexiva de la imagen que el propio Marx ofrece de su periodismo (imagen harto
peyorativa en su epistolario de la década de 1850[2]). En
cualquier caso, estaríamos ante formas de interpretar que declinan
contextualizar histórica y sistemáticamente la carrera periodística del
filósofo, y, por ello, son incapaces de producir una evaluación adecuada de su
faceta como redactor. Mucho menos de comprender los vínculos existentes entre sus
análisis periodísticos y la evolución de su producción teórica y política[3].
El despliegue de las mencionadas
interpretaciones se enmarca dentro del horizonte del marxismo occidental, cuya hegemonía a mediados del siglo XX –y más
allá– ha sido casi indiscutible en Europa. Aunque no tenemos tiempo para
abordar en profundidad las características filosóficas y socio-históricas de
esta Tercera Generación de intelectuales
marxistas, resulta importante incidir en algunos de sus rasgos principales. La
preocupación de esta corriente, primordialmente epistemológica y cultural, estuvo
“obsesionada” con la búsqueda de una metodología marxista para las ciencias sociales
(Historia, Sociología, Ciencias Políticas y Jurídicas) que pudiera competir con
los desarrollos teóricos de otros intelectuales burgueses. La teoría marxista
parecía encontrarse rezagada, y buscó reelaborarse a través de una fecunda revisión
de la historia de la filosofía occidental y otras corrientes de pensamiento. Esta
búsqueda, desarrollada más como exégesis textual que como investigación social,
bloqueó el acceso a otras dimensiones del pensamiento de Marx. Para el marxismo occidental el grial del método se
hallaba contenido en El Capital y en
otras obras teóricas de “madurez” del filósofo (particularmente la Einleitung de 1857, leída con fruición
por G. Della Volpe y L. Althusser). La consecuencia de ésta manera de
periodizar el pensamiento de Marx fue clara: los textos que no se situaban dentro
del “canon metodológico” terminaban relegados al olvido. Fue el caso de los
artículos periodísticos del filósofo, especialmente los elaborados en la década
de 1852-62 para el New York Tribune,
que abordaban una batería muy amplia de temas que no se dejaba reducir a ningún
“Discurso del método” marxista.
La escritura periodística de Marx
–lejos de ser una práctica accidental del filósofo– está profundamente
vinculada con su evolución teórica y política. Además, el periodismo fue una actividad
que el propio pensador impulsó, ya desde joven, como herramienta crítica para conocer
la realidad e intervenir en ella. Por lo pronto, y siguiendo su testimonio en
el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), podríamos
periodizar “tentativamente” su producción periodística en 4 fases: 1ª 1842-43,
sus artículos de crítica social sobre Prusia en la Gaceta Renana (Rheinische
Zeitung); 2ª 1843-44, Marx funda los Anales
franco-alemanes (Deutsche
französische jahrbücher), desde los que elaborará una crítica
filosófico-política de Prusia y del capitalismo naciente; 3ª 1848-1850: Marx,
junto con otros colaboradores, funda dos periódicos: la Nueva Gaceta Renana (Neue
Rheinische Zeitung), a través de
la cual intervendrá políticamente durante el proceso revolucionario europeo del
48, y la Neue Rheinische Zeitung.
Politische ökonomische Revue, desde la que describirá el escenario
posterior a las revoluciones (y su fracaso); 4ª 1852-1862: Karl Marx realiza la
parte más importante de su trabajo periodístico en el New York Tribune, el diario norteamericano de mayor tirada en la
época, en el que abordará temas tan dispares como la construcción de la banca
financiera europea, las condiciones de las fábricas en Inglaterra, la crisis
económica de 1857 o el despliegue y consecuencias del colonialismo europeo. Si
bien su trabajo se concentra en el rotativo de Estados Unidos, también son más
que destacables sus columnas para otros diarios, como el People’s Paper, Die Presse y la Neue
Oder Zeitung. El valor de este último período, el más dilatado de todos, es
incalculable en lo que se refiere a la calidad de sus crónicas y a la
influencia formativa de éstas en su pensamiento político y teórico. El filósofo
dará forma a lo largo de sus artículos tanto a un modo novedoso de intervenir
en la sociedad –mucho más pedagógico y político que el de sus textos
“científicos”– como a un tipo de análisis de tendencia “totalizadora” o global.
Un análisis que le permitirá crear una suerte de “mapas antagonistas” acerca de
la economía-mundo capitalista.
2. El trabajo periodístico de Marx
en el New York Tribune (1852-62)
Aunque no podemos detenernos en
detalles socio-históricos de importancia, conviene retener al menos tres ideas
para situar el trabajo periodístico de Marx en este período: 1) El filósofo
escribe desde su exilio en Inglaterra, es decir, desde la potencia hegemónica
del capitalismo en la época, lo que le permite obtener una visión privilegiada
sobre el modo de producción capitalista y sus contradicciones 2) El contexto
político es de restauración: la Primavera
de los Pueblos, aunque tuvo efectos importantes en sentido emancipatorio,
fracasó estrepitosamente después de un año y medio de pugna. Muchos de los
movimientos sociales de la época, como el cartismo,
fueron barridos de la actualidad política. Por otra parte, los gobiernos inglés
y francés crearán un nuevo estilo de gobierno –construido para bloquear tanto
la reacción como las demandas populares–, dejando atrás las últimas sombras del
absolutismo: es lo que autores como I. Wallerstein han denominado como el triunfo
del liberalismo centrista[4]
(Lord Palmerston en Inglaterra y Luis Bonaparte en Francia serían las figuras
ejemplares de esta forma de gobierno) 3) Tras la crisis de 1847, nos
encontramos en un momento de industrialización y expansión comercial acelerada:
siguiendo a E. Hobsbawm[5],
podemos afirmar que el capitalismo dejaba por fin de verse influido por el
ciclo de las cosechas (tal y como sucedió en la crisis agrícola de 1845-47)
para iniciar un ciclo industrial que, a partir de aquel momento, marcaría los
ritmos de la economía global. El desarrollo del mercado mundial, acelerado por
el dominio colonial europeo y unas interconexiones cada vez más veloces gracias
a las innovaciones tecnológicas (vapor, ferrocarril) y financieras (desarrollo
del crédito y la banca), confrontará a Marx con a un capitalismo cada vez más
globalizado.
Si tuviésemos que utilizar un único
adjetivo para describir el trabajo de Karl Marx en el New York Tribune, este sería –sin duda– el de colosal: el filósofo escribe la nada desdeñable cifra de 350
artículos para el diario[6]. Como
ya hemos señalado, las temáticas de sus crónicas son muy diversas, abarcando
prácticamente todos los procesos históricos, sociales y económicos destacables
del período. Pero para comprender el quehacer de Marx en sus escritos –más allá
de la multiplicidad de temas que los atraviesan–, habría que atender a tres
líneas o tensiones principales que confluyen en ellos. Una de estas líneas sería
de carácter fundamentalmente crítico y
teórico: en la medida en que el
filósofo plantea hipótesis, crítica datos empíricos o fuentes y analiza
fenómenos socio-económicos de diverso calado, está perfilando conceptos y
construyendo conocimiento sobre la realidad. Por otro lado, Marx da forma a una
línea política y polémica a lo largo
de sus crónicas: ya sea en el campo del análisis y el diagnóstico o en el
terreno de la intervención política e ideológica, el filósofo participa en la
política que le es contemporánea. No sólo aborda los conflictos diplomáticos y
parlamentarios de Francia, Rusia, España, Estados Unidos o Inglaterra, sino
también las revoluciones e insurrecciones que ponen en jaque a las naciones
europeas y sus territorios coloniales. Por último, cabría señalar una dimensión
pedagógica y formativa, que trabaja
en pos de la construcción de un imaginario
colectivo de carácter antagonista. Se trataría de forjar una conciencia
crítica y colectiva en las clases trabajadoras, elaborando para este fin una
cartografía del horizonte capitalista y de sus trágicas contradicciones. Había
que retratar las luchas, las huelgas y los motines, había que enmarcar críticamente las desigualdades y difundir
sus causas en un vocabulario comprensible e inspirador. Porque, en el fondo, uno de los objetivos de estos artículos era formar
al proletariado para que fuese capaz de
aprovechar los momentos en los que la unidad del capital se veía desgarrada: en las crisis económicas, casi siempre propicias
al estallido de una revolución
proletaria.
Ahora bien, y más allá de las
distinciones elaboradas, lo usual era que las tres líneas mencionadas se dieran
simultáneamente en las columnas firmadas por Marx. Retomando el hilo de las
crisis y la búsqueda de formación de la clase obrera, podemos observar como las
líneas esbozadas concurren simultáneamente en sus textos. Por ejemplo, en el
artículo Indigencia y libre comercio. La
crisis del comercio que se avecina (1852), Marx analizaba las oscilaciones
de los fondos dedicados a los pobres en Inglaterra entre 1834 y 1852,
intentando descifrar los efectos del libre comercio y las políticas
arancelarias sobre la economía y la situación de los pobres. Los defensores de
libre comercio aseguraban que en las épocas en que se abolían los aranceles, la
miseria disminuía, y que el liberalismo económico era la mejor solución para la
pobreza. Al comparar estadísticas, Marx insiste en que el capitalismo atraviesa
ciclos de decadencia y de prosperidad, y que –más allá de la propaganda
liberal– lo único que demuestran las estadísticas es que las ayudas a pobres
aumentan en períodos de crisis y adelgazan en momentos de prosperidad. Pero,
además, pone de relieve como en un año como 1852 –época de bonanza comercial y
librecambio– la pobreza ha aumentado en relación con otros períodos
arancelarios (1837) aunque se hayan disparado los beneficios industriales. El
capitalismo produce, por tanto, riqueza para unas clases mientras reparte
miseria para las otras simultáneamente. Es un generador de desigualdad. Pero no
sólo. Y es que retomando el análisis de los ciclos económicos y analizando la
balanza de exportaciones, Marx pronostica que la fase productiva por la que
está pasando Inglaterra es cada vez más turbulenta y está presta a la
agitación, es decir, está abierta a la crisis. Las fuertes inversiones
industriales en el ramo textil –que inmovilizan una cantidad ingente de
capital– y la necesidad de capital circulante en una fase propicia para la
especulación y la superproducción, dejaban entrever una crisis de magnitud hasta
entonces desconocida.
Como vemos, Marx criticaba las
pseudo-explicaciones de los liberales, que gracias a su mano invisible (A. Smith) creían que la simple adopción de sus
medidas comerciales arreglarían los desequilibrios del capitalismo de manera
“natural”. La clase trabajadora no podía esperar nada de los industriales de
Manchester y Lancashire salvo la extensión de su jornada de trabajo, falsas
promesas en cuanto a la seguridad en el uso de la maquinaria y soflamas
victorianas sobre su incontinencia sexual. Es más, lo que podían esperar de su
desaforada manera de entender el comercio era precisamente lo contrario:
crisis, desocupación y destrucción de fuerza de trabajo. Las trabajadoras y
trabajadores –así lo creía Marx– tenían que saber que el capitalismo estaba
atravesado por contradicciones y ciclos, y debían estar preparados y
organizados para actuar. Lo que había sucedido en 1848 podía repetirse pronto,
dando lugar a una revolución que ya no llevaría la vieja máscara demócrata de
la “república social”, sino que irrumpiría como una verdadera revolución
comunista[7].
3. El Periodismo de Marx hoy: Mapas
antagonistas y pedagogía política.
Si repasásemos el período de madurez
de la escritura periodística de Marx, los textos del Tribune y los de otras publicaciones, veríamos como el nudo de
problemas que dibujan es sorprendentemente similar al nuestro. Cuando analizamos
crónicas como Ataque en Sebastopol.
Desahucio de ciudadanos en Escocia (1854), en la que se describe como multitud
de personas son despojadas de sus hogares para convertirlos en fincas para
cultivo, barbecho o venta por parte de la aristocracia, es inevitable mirar a
nuestro presente –a la violencia e injusticia de los desahucios– y percatarnos
de que las dinámicas de acumulación por
desposesión (David Harvey) del capital siguen totalmente activas y a la
orden del día. Los beneficios del capital no entienden de justicia ni de humanidad
alguna. De igual modo, es inevitable que al leer textos como El aumento de la locura en Inglaterra (1858),
que correlaciona estadísticamente las fases de crisis económica con el aumento
de los problemas mentales y los ingresos en hospitales psiquiátricos, no nos
veamos interpelados por nuestra situación actual, que está viendo como la
depresión y otros trastornos derivados de la precariedad de la vida se han
convertido moneda común. Por si esto fuese poco, Marx analizaba en aquel texto
lo que sucedía con los “manicomios” y “casas de locos” que eran privatizados o
“externalizados”, en los que confluían las lógicas
del cuidado y el beneficio. Su resultado era la miseria más absoluta, el
hacinamiento y la exposición de los pacientes a condiciones de vida
infrahumanas (una vida entre mugre, jergones sucios y habitaciones atestadas de
pacientes). Y es que hay lógicas que son –y siguen siendo– radicalmente
contradictorias.
Aunque nuestros problemas hoy sean
diferentes, siguen respondiendo a dinámicas y tendencias económico-políticas
muy similares a las de la época de Marx. La crisis en la que nos hallamos no
deja de demostrarlo cotidianamente. Quizá cabría pensar, recuperando el testigo
del filósofo, en dar forma a un quehacer analítico que abordase los problemas
del presente fiel a la riqueza y pluridimensionalidad del periodismo de Marx.
Como hemos señalado hace unos momentos, Karl Marx combinaba la teoría, la
política y la pedagogía en sus textos, ofreciendo a la clase un mapa de las
tensiones políticas y económicas existentes. Se trataba de esbozar una
cartografía antagonista de la realidad, un mapa de la coyuntura económico-política
del momento que quedase abierto al conflicto y la intervención. Para ello había
que proyectar textos que, sin perder el rigor analítico, pudiesen aproximar las
problemáticas a la gente de a pie con un lenguaje comprensible, capaz encuadrar
adecuadamente las circunstancias y movilizar a la gente. Pero en la mirada que
Marx dedicaba a los conflictos de la clase trabajadora, latía –al mismo tiempo–
el retrato de una sociedad rota por la explotación capitalista: de entre sus las
líneas surgían las imágenes de las huelgas, la miseria proletaria de los
barrios industriales, la lucha frente al aumento de la jornada laboral o el
trabajo infantil, el desafío de los pueblos sometidos por el colonialismo, el
aumento de la riqueza de las clases burguesas y el poder de la tecnología
frente a la desigualdad y la polarización, etc. Los artículos del periodista construían
herramientas de lucha e imágenes que, poco a poco, dibujarían los contornos
subjetivos de la clase trabajadora del XIX; contornos que no terminarían –ni mucho
menos– en la letra de Marx, pues su trazo real correspondería a las luchas de
las explotadas y explotados contra el capitalismo.
Recuperar hoy los artículos de Marx como práctica pasa por actualizar su mirada, por radiografiar el presente y participar en él. Pasa por dar forma
al imaginario colectivo de una multitud indignada que no deja de responder, de
múltiples formas y desde diferentes escenarios, al capitalismo. Sólo así –vinculando análisis, crítica, participación y pedagogía– podríamos construir los mimbres de un
relato común capaz de desbordar políticamente la crisis y combatir el ciclo destructivo
del capital.
Mario Espinoza Pino
Comunicación leída en el Simposio sobre Marxismo "Releer a Marx en tiempos de crisis", organizado por Juan Manuel Aragües para el "I Congreso internacional de la Red española de Filosofía "Los retos de la Filosofía en el siglo XXI" (Valencia, 3 al 5 de septiembre de 2014)
Comunicación leída en el Simposio sobre Marxismo "Releer a Marx en tiempos de crisis", organizado por Juan Manuel Aragües para el "I Congreso internacional de la Red española de Filosofía "Los retos de la Filosofía en el siglo XXI" (Valencia, 3 al 5 de septiembre de 2014)
[1]
No podemos desarrollar aquí una discusión sobre las fuentes y lugares sobre los
que se forjan estas opiniones, invitamos a la lectura de nuestro artículo Karl Marx, un periodista en la Era del
Capital, donde aparece una reconstrucción esquemática de estos lugares y de
los problemas de recepción de los artículos periodísticos del pensador (M.
Espinoza Pino, Karl Marx, un periodista
en la Era del Capital. Apuntes para
una investigación, Isegoría nº 50, CSIC, Madrid. Págs. 107-122).
[2]
El periodismo aparece retratado en esta época como una labor tediosa e inferior
a lo que Marx llamaba Rein
wissentschaftliche Arbeiten, sus obras
puramente científicas o trabajos auténticos (wirkliche) de investigación económica.
[3]
Por supuesto, hay excepciones a esta “norma”. Éstas se hayan en obras que se
sitúan más allá del canon del marxismo
occidental, como, por ejemplo, La
formation de la pensée économique de Karl Marx: de 1843 jusqu’à la rédaction du
“Capital” de Ernest Mandel (1967), que ofrece una panorámica de la
evolución de Marx atenta a sus textos periodísticos de juventud y madurez.
También podemos hallar excepciones en obras que tratan de iluminar procesos
históricos a partir del pensamiento de Marx y Engels; en España es el caso de
la obra de Fernando Claudín Marx, Engels
y la revolución de 1848 (1975), que
describe con maestría la posición política de los filósofos en la revolución
del 48 a través de sus artículos en la Nueva
Gaceta Renana (Neue Rheinische
Zeitung). En Italia cabe destacar el magistral trabajo de Sergio Bologna en
Moneta e crisi: Marx corrispondente della
“New York Daily tribune”, 1856-57 (1974), que ilustra tanto el proceso de
crisis del 57 como la formación de la “nueva banca”.
[4] I. Wallerstein, The modern world-system IV: Centrist
Liberalism Triumphant, 1789 - 1914, University of California Press, USA
2011. Especialmente el capítulo 3: “The liberal State and Class Conflict, 1830 -
1875, Págs. 77 - 142.
[5] E. Hobsbawm, The Age of Capital 1848 – 1875,
Weidenfeld & Nicholson, Great Britain 1962, Págs. 29 – 32.
[6]
Escribirá otros 12 artículos con F. Engels, y éste hará el favor a Marx de
escribirle unas 125 crónicas más para
garantizar su sustento (casi todas de temática militar).
[7]
Después del fracaso de 1848, Karl Marx formula una hipótesis/pronóstico que se
cumplirá a medias: a) Que el capitalismo pasa por ciclos cuyo desenlace es la
crisis económica, y que estos ciclos son inevitables (forman parte intrínseca
de la dinámica del capital global) b) Que una revolución obrera es casi tan
inevitable como la siguiente crisis. Esta segunda parte de la hipótesis será
errónea. La crisis de 1857 no tuvo ninguna respuesta revolucionaria en Europa,
aunque creó un contexto de oportunidad que vio nacer las revueltas cipayas de
la India.
