Citas

"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen
a su libre arbitrio, bajo circunstancias
elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas
circunstancias con que se encuentran directamente,
que existen y les han sido legadas por el pasado"

Karl Marx, El Dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte

"Cada isla nos seduce, nos obliga a naufragar,
a llegar, llegar, llegar, a inventar un verbo nuevo"

Manuel Ramos Otero, Invitación al polvo

sábado, 6 de septiembre de 2014

Mapas para el antagonismo: los artículos periodísticos de Marx hoy. Pedagogía, Política e Imaginación Colectiva.



1. Karl Marx y el Periodismo

            No deja de resultar paradójico que aún hoy, tras un dilatado siglo de investigaciones en el campo del marxismo, sigamos teniendo que insistir en la importancia de la producción periodística de Karl Marx. De hecho, pareciera que al abordar su labor como periodista –una actividad que abarca varios períodos fundamentales de su vida intelectual y política– todavía tuviésemos la obligación de acompañar nuestras palabras con una suerte de justificación general sobre el tema. Algo así como una “exigencia probatoria” sobre el valor de los artículos y crónicas del filósofo. Esto revela, sintomáticamente, un conjunto de criterios y hábitos hermenéuticos más profundo en el seno del marxismo: y es que sigue existiendo un canon de lectura muy generalizado que considera el periodismo de Marx como una obra menor o –en el mejor de los casos– una fuente de segundo orden respecto de sus textos teóricos y filosóficos (ya sean los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, los bocetos que dan forma al texto conocido como La ideología alemana (1845-46) o El Capital (1867)). Tomando como referencia diversos testimonios diseminados por la obra y epistolario del pensador[1], su periodismo ha sido entendido por gran parte de la tradición marxista de dos maneras predominantes: o como una tarea juvenil de iniciación a la crítica social o, en lo que respecta a otras etapas más maduras de su actividad periodística, como un mero trabajo de supervivencia, siempre inferior en naturaleza, calidad y contenido a sus obras científicas

            Ambas lecturas mirarían de manera unilateral el periodismo del filósofo: el primer tipo de lectura, al acercarse únicamente a la producción juvenil del autor, ubicaría los artículos de Marx en un espacio “pre-teórico” y meramente “formativo”, anterior a la escritura de sus primeros textos filosóficos y económicos de importancia; el segundo tipo insistiría en realizar –frente a cualquier reconstrucción histórica– una lectura inmediata y poco reflexiva de la imagen que el propio Marx ofrece de su periodismo (imagen harto peyorativa en su epistolario de la década de 1850[2]). En cualquier caso, estaríamos ante formas de interpretar que declinan contextualizar histórica y sistemáticamente la carrera periodística del filósofo, y, por ello, son incapaces de producir una evaluación adecuada de su faceta como redactor. Mucho menos de comprender los vínculos existentes entre sus análisis periodísticos y la evolución de su producción teórica y política[3]

            El despliegue de las mencionadas interpretaciones se enmarca dentro del horizonte del marxismo occidental, cuya hegemonía a mediados del siglo XX –y más allá– ha sido casi indiscutible en Europa. Aunque no tenemos tiempo para abordar en profundidad las características filosóficas y socio-históricas de esta Tercera Generación de intelectuales marxistas, resulta importante incidir en algunos de sus rasgos principales. La preocupación de esta corriente, primordialmente epistemológica y cultural, estuvo “obsesionada” con la búsqueda de una metodología marxista para las ciencias sociales (Historia, Sociología, Ciencias Políticas y Jurídicas) que pudiera competir con los desarrollos teóricos de otros intelectuales burgueses. La teoría marxista parecía encontrarse rezagada, y buscó reelaborarse a través de una fecunda revisión de la historia de la filosofía occidental y otras corrientes de pensamiento. Esta búsqueda, desarrollada más como exégesis textual que como investigación social, bloqueó el acceso a otras dimensiones del pensamiento de Marx. Para el marxismo occidental el grial del método se hallaba contenido en El Capital y en otras obras teóricas de “madurez” del filósofo (particularmente la Einleitung de 1857, leída con fruición por G. Della Volpe y L. Althusser). La consecuencia de ésta manera de periodizar el pensamiento de Marx fue clara: los textos que no se situaban dentro del “canon metodológico” terminaban relegados al olvido. Fue el caso de los artículos periodísticos del filósofo, especialmente los elaborados en la década de 1852-62 para el New York Tribune, que abordaban una batería muy amplia de temas que no se dejaba reducir a ningún “Discurso del método” marxista. 

            La escritura periodística de Marx –lejos de ser una práctica accidental del filósofo– está profundamente vinculada con su evolución teórica y política. Además, el periodismo fue una actividad que el propio pensador impulsó, ya desde joven, como herramienta crítica para conocer la realidad e intervenir en ella. Por lo pronto, y siguiendo su testimonio en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), podríamos periodizar “tentativamente” su producción periodística en 4 fases: 1ª 1842-43, sus artículos de crítica social sobre Prusia en la Gaceta Renana (Rheinische Zeitung); 2ª 1843-44, Marx funda los Anales franco-alemanes (Deutsche französische jahrbücher), desde los que elaborará una crítica filosófico-política de Prusia y del capitalismo naciente; 3ª 1848-1850: Marx, junto con otros colaboradores, funda dos periódicos: la Nueva Gaceta Renana (Neue Rheinische Zeitung), a través de la cual intervendrá políticamente durante el proceso revolucionario europeo del 48, y la Neue Rheinische Zeitung. Politische ökonomische Revue, desde la que describirá el escenario posterior a las revoluciones (y su fracaso); 4ª 1852-1862: Karl Marx realiza la parte más importante de su trabajo periodístico en el New York Tribune, el diario norteamericano de mayor tirada en la época, en el que abordará temas tan dispares como la construcción de la banca financiera europea, las condiciones de las fábricas en Inglaterra, la crisis económica de 1857 o el despliegue y consecuencias del colonialismo europeo. Si bien su trabajo se concentra en el rotativo de Estados Unidos, también son más que destacables sus columnas para otros diarios, como el People’s Paper, Die Presse y la Neue Oder Zeitung. El valor de este último período, el más dilatado de todos, es incalculable en lo que se refiere a la calidad de sus crónicas y a la influencia formativa de éstas en su pensamiento político y teórico. El filósofo dará forma a lo largo de sus artículos tanto a un modo novedoso de intervenir en la sociedad –mucho más pedagógico y político que el de sus textos “científicos”– como a un tipo de análisis de tendencia “totalizadora” o global. Un análisis que le permitirá crear una suerte de “mapas antagonistas” acerca de la economía-mundo capitalista.

2. El trabajo periodístico de Marx en el New York Tribune (1852-62)

            Aunque no podemos detenernos en detalles socio-históricos de importancia, conviene retener al menos tres ideas para situar el trabajo periodístico de Marx en este período: 1) El filósofo escribe desde su exilio en Inglaterra, es decir, desde la potencia hegemónica del capitalismo en la época, lo que le permite obtener una visión privilegiada sobre el modo de producción capitalista y sus contradicciones 2) El contexto político es de restauración: la Primavera de los Pueblos, aunque tuvo efectos importantes en sentido emancipatorio, fracasó estrepitosamente después de un año y medio de pugna. Muchos de los movimientos sociales de la época, como el cartismo, fueron barridos de la actualidad política. Por otra parte, los gobiernos inglés y francés crearán un nuevo estilo de gobierno –construido para bloquear tanto la reacción como las demandas populares–, dejando atrás las últimas sombras del absolutismo: es lo que autores como I. Wallerstein han denominado como el triunfo del liberalismo centrista[4] (Lord Palmerston en Inglaterra y Luis Bonaparte en Francia serían las figuras ejemplares de esta forma de gobierno) 3) Tras la crisis de 1847, nos encontramos en un momento de industrialización y expansión comercial acelerada: siguiendo a E. Hobsbawm[5], podemos afirmar que el capitalismo dejaba por fin de verse influido por el ciclo de las cosechas (tal y como sucedió en la crisis agrícola de 1845-47) para iniciar un ciclo industrial que, a partir de aquel momento, marcaría los ritmos de la economía global. El desarrollo del mercado mundial, acelerado por el dominio colonial europeo y unas interconexiones cada vez más veloces gracias a las innovaciones tecnológicas (vapor, ferrocarril) y financieras (desarrollo del crédito y la banca), confrontará a Marx con a un capitalismo cada vez más globalizado.

            Si tuviésemos que utilizar un único adjetivo para describir el trabajo de Karl Marx en el New York Tribune, este sería –sin duda– el de colosal: el filósofo escribe la nada desdeñable cifra de 350 artículos para el diario[6]. Como ya hemos señalado, las temáticas de sus crónicas son muy diversas, abarcando prácticamente todos los procesos históricos, sociales y económicos destacables del período. Pero para comprender el quehacer de Marx en sus escritos –más allá de la multiplicidad de temas que los atraviesan–, habría que atender a tres líneas o tensiones principales que confluyen en ellos. Una de estas líneas sería de carácter fundamentalmente crítico y teórico: en la medida en que el filósofo plantea hipótesis, crítica datos empíricos o fuentes y analiza fenómenos socio-económicos de diverso calado, está perfilando conceptos y construyendo conocimiento sobre la realidad. Por otro lado, Marx da forma a una línea política y polémica a lo largo de sus crónicas: ya sea en el campo del análisis y el diagnóstico o en el terreno de la intervención política e ideológica, el filósofo participa en la política que le es contemporánea. No sólo aborda los conflictos diplomáticos y parlamentarios de Francia, Rusia, España, Estados Unidos o Inglaterra, sino también las revoluciones e insurrecciones que ponen en jaque a las naciones europeas y sus territorios coloniales. Por último, cabría señalar una dimensión pedagógica y formativa, que trabaja en pos de la construcción de un imaginario colectivo de carácter antagonista. Se trataría de forjar una conciencia crítica y colectiva en las clases trabajadoras, elaborando para este fin una cartografía del horizonte capitalista y de sus trágicas contradicciones. Había que retratar las luchas, las huelgas y los motines, había que enmarcar críticamente las desigualdades y difundir sus causas en un vocabulario comprensible e inspirador.  Porque, en el fondo,  uno de los objetivos de estos artículos era formar al proletariado para que fuese capaz  de aprovechar los momentos en los que la unidad del capital se veía desgarrada: en las crisis económicas, casi siempre propicias al estallido de una revolución proletaria. 

            Ahora bien, y más allá de las distinciones elaboradas, lo usual era que las tres líneas mencionadas se dieran simultáneamente en las columnas firmadas por Marx. Retomando el hilo de las crisis y la búsqueda de formación de la clase obrera, podemos observar como las líneas esbozadas concurren simultáneamente en sus textos. Por ejemplo, en el artículo Indigencia y libre comercio. La crisis del comercio que se avecina (1852), Marx analizaba las oscilaciones de los fondos dedicados a los pobres en Inglaterra entre 1834 y 1852, intentando descifrar los efectos del libre comercio y las políticas arancelarias sobre la economía y la situación de los pobres. Los defensores de libre comercio aseguraban que en las épocas en que se abolían los aranceles, la miseria disminuía, y que el liberalismo económico era la mejor solución para la pobreza. Al comparar estadísticas, Marx insiste en que el capitalismo atraviesa ciclos de decadencia y de prosperidad, y que –más allá de la propaganda liberal– lo único que demuestran las estadísticas es que las ayudas a pobres aumentan en períodos de crisis y adelgazan en momentos de prosperidad. Pero, además, pone de relieve como en un año como 1852 –época de bonanza comercial y librecambio– la pobreza ha aumentado en relación con otros períodos arancelarios (1837) aunque se hayan disparado los beneficios industriales. El capitalismo produce, por tanto, riqueza para unas clases mientras reparte miseria para las otras simultáneamente. Es un generador de desigualdad. Pero no sólo. Y es que retomando el análisis de los ciclos económicos y analizando la balanza de exportaciones, Marx pronostica que la fase productiva por la que está pasando Inglaterra es cada vez más turbulenta y está presta a la agitación, es decir, está abierta a la crisis. Las fuertes inversiones industriales en el ramo textil –que inmovilizan una cantidad ingente de capital– y la necesidad de capital circulante en una fase propicia para la especulación y la superproducción, dejaban entrever una crisis de magnitud hasta entonces desconocida. 
 
            Como vemos, Marx criticaba las pseudo-explicaciones de los liberales, que gracias a su mano invisible (A. Smith) creían que la simple adopción de sus medidas comerciales arreglarían los desequilibrios del capitalismo de manera “natural”. La clase trabajadora no podía esperar nada de los industriales de Manchester y Lancashire salvo la extensión de su jornada de trabajo, falsas promesas en cuanto a la seguridad en el uso de la maquinaria y soflamas victorianas sobre su incontinencia sexual. Es más, lo que podían esperar de su desaforada manera de entender el comercio era precisamente lo contrario: crisis, desocupación y destrucción de fuerza de trabajo. Las trabajadoras y trabajadores –así lo creía Marx– tenían que saber que el capitalismo estaba atravesado por contradicciones y ciclos, y debían estar preparados y organizados para actuar. Lo que había sucedido en 1848 podía repetirse pronto, dando lugar a una revolución que ya no llevaría la vieja máscara demócrata de la “república social”, sino que irrumpiría como una verdadera revolución comunista[7]

3. El Periodismo de Marx hoy: Mapas antagonistas y pedagogía política.

            Si repasásemos el período de madurez de la escritura periodística de Marx, los textos del Tribune y los de otras publicaciones, veríamos como el nudo de problemas que dibujan es sorprendentemente similar al nuestro. Cuando analizamos crónicas como Ataque en Sebastopol. Desahucio de ciudadanos en Escocia (1854), en la que se describe como multitud de personas son despojadas de sus hogares para convertirlos en fincas para cultivo, barbecho o venta por parte de la aristocracia, es inevitable mirar a nuestro presente –a la violencia e injusticia de los desahucios– y percatarnos de que las dinámicas de acumulación por desposesión (David Harvey) del capital siguen totalmente activas y a la orden del día. Los beneficios del capital no entienden de justicia ni de humanidad alguna. De igual modo, es inevitable que al leer textos como El aumento de la locura en Inglaterra (1858), que correlaciona estadísticamente las fases de crisis económica con el aumento de los problemas mentales y los ingresos en hospitales psiquiátricos, no nos veamos interpelados por nuestra situación actual, que está viendo como la depresión y otros trastornos derivados de la precariedad de la vida se han convertido moneda común. Por si esto fuese poco, Marx analizaba en aquel texto lo que sucedía con los “manicomios” y “casas de locos” que eran privatizados o “externalizados”, en los que confluían las lógicas del cuidado y el beneficio. Su resultado era la miseria más absoluta, el hacinamiento y la exposición de los pacientes a condiciones de vida infrahumanas (una vida entre mugre, jergones sucios y habitaciones atestadas de pacientes). Y es que hay lógicas que son –y siguen siendo– radicalmente contradictorias. 

            Aunque nuestros problemas hoy sean diferentes, siguen respondiendo a dinámicas y tendencias económico-políticas muy similares a las de la época de Marx. La crisis en la que nos hallamos no deja de demostrarlo cotidianamente. Quizá cabría pensar, recuperando el testigo del filósofo, en dar forma a un quehacer analítico que abordase los problemas del presente fiel a la riqueza y pluridimensionalidad del periodismo de Marx. Como hemos señalado hace unos momentos, Karl Marx combinaba la teoría, la política y la pedagogía en sus textos, ofreciendo a la clase un mapa de las tensiones políticas y económicas existentes. Se trataba de esbozar una cartografía antagonista de la realidad, un mapa de la coyuntura económico-política del momento que quedase abierto al conflicto y la intervención. Para ello había que proyectar textos que, sin perder el rigor analítico, pudiesen aproximar las problemáticas a la gente de a pie con un lenguaje comprensible, capaz encuadrar adecuadamente las circunstancias y movilizar a la gente. Pero en la mirada que Marx dedicaba a los conflictos de la clase trabajadora, latía –al mismo tiempo– el retrato de una sociedad rota por la explotación capitalista: de entre sus las líneas surgían las imágenes de las huelgas, la miseria proletaria de los barrios industriales, la lucha frente al aumento de la jornada laboral o el trabajo infantil, el desafío de los pueblos sometidos por el colonialismo, el aumento de la riqueza de las clases burguesas y el poder de la tecnología frente a la desigualdad y la polarización, etc. Los artículos del periodista construían herramientas de lucha e imágenes que, poco a poco, dibujarían los contornos subjetivos de la clase trabajadora del XIX; contornos que no terminarían –ni mucho menos– en la letra de Marx, pues su trazo real correspondería a las luchas de las explotadas y explotados contra el capitalismo.

             Recuperar hoy los artículos de Marx como práctica pasa por actualizar su mirada, por radiografiar el presente y participar en él. Pasa por dar forma al imaginario colectivo de una multitud indignada que no deja de responder, de múltiples formas y desde diferentes escenarios, al capitalismo. Sólo así –vinculando análisis, crítica, participación y pedagogía– podríamos construir los mimbres de un relato común capaz de desbordar políticamente la crisis y combatir el ciclo destructivo del capital.


                                                                                        Mario Espinoza Pino

Comunicación leída en el Simposio sobre Marxismo "Releer a Marx en tiempos de crisis", organizado por Juan Manuel Aragües para el "I Congreso internacional de la Red española de Filosofía "Los retos de la Filosofía en el siglo XXI" (Valencia, 3 al 5 de septiembre de 2014)



[1] No podemos desarrollar aquí una discusión sobre las fuentes y lugares sobre los que se forjan estas opiniones, invitamos a la lectura de nuestro artículo Karl Marx, un periodista en la Era del Capital, donde aparece una reconstrucción esquemática de estos lugares y de los problemas de recepción de los artículos periodísticos del pensador (M. Espinoza Pino, Karl Marx, un periodista en la Era del Capital. Apuntes para una investigación, Isegoría nº 50, CSIC, Madrid. Págs. 107-122).
[2] El periodismo aparece retratado en esta época como una labor tediosa e inferior a lo que Marx llamaba Rein wissentschaftliche Arbeiten, sus obras puramente científicas o trabajos auténticos (wirkliche) de investigación económica.
[3] Por supuesto, hay excepciones a esta “norma”. Éstas se hayan en obras que se sitúan más allá del canon del marxismo occidental, como, por ejemplo, La formation de la pensée économique de Karl Marx: de 1843 jusqu’à la rédaction du “Capital” de Ernest Mandel (1967), que ofrece una panorámica de la evolución de Marx atenta a sus textos periodísticos de juventud y madurez. También podemos hallar excepciones en obras que tratan de iluminar procesos históricos a partir del pensamiento de Marx y Engels; en España es el caso de la obra de Fernando Claudín Marx, Engels y la revolución de 1848 (1975), que describe con maestría la posición política de los filósofos en la revolución del 48 a través de sus artículos en la Nueva Gaceta Renana (Neue Rheinische Zeitung). En Italia cabe destacar el magistral trabajo de Sergio Bologna en Moneta e crisi: Marx corrispondente della “New York Daily tribune”, 1856-57 (1974), que ilustra tanto el proceso de crisis del 57 como la formación de la “nueva banca”.
[4] I. Wallerstein, The modern world-system IV: Centrist Liberalism Triumphant, 1789 - 1914, University of California Press, USA 2011. Especialmente el capítulo 3: “The liberal State and Class Conflict, 1830 - 1875, Págs. 77 - 142.
[5] E. Hobsbawm, The Age of Capital 1848 – 1875, Weidenfeld & Nicholson, Great Britain 1962, Págs. 29 – 32.
[6] Escribirá otros 12 artículos con F. Engels, y éste hará el favor a Marx de escribirle unas 125 crónicas más para garantizar su sustento (casi todas de temática militar).
[7] Después del fracaso de 1848, Karl Marx formula una hipótesis/pronóstico que se cumplirá a medias: a) Que el capitalismo pasa por ciclos cuyo desenlace es la crisis económica, y que estos ciclos son inevitables (forman parte intrínseca de la dinámica del capital global) b) Que una revolución obrera es casi tan inevitable como la siguiente crisis. Esta segunda parte de la hipótesis será errónea. La crisis de 1857 no tuvo ninguna respuesta revolucionaria en Europa, aunque creó un contexto de oportunidad que vio nacer las revueltas cipayas de la India.

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