Una Comunidad
arruinada
Cualquiera que se dé una vuelta por el sur de Madrid, a poco que recorra unas
cuantas calles o manzanas, podrá comprobar en primera persona los efectos de
las políticas neoliberales de la última década: una suerte de política
urbanística y económica de "tierra quemada", donde se han sacrificado
los servicios y los derechos de la gente al ritmo desenfrenado de la burbuja
inmobiliaria. Los efectos del desastre forman parte de nuestro horizonte más
cotidiano, sus imágenes son bien conocidas: fábricas ruinosas y negocios
cerrados, equipamientos desgastados, elevadas tasas de paro estructural,
servicios municipales bajo mínimos y un grupo considerable de la población que,
día a día, se aproxima cada vez más al umbral de la exclusión (si no lo ha
atravesado ya). Por no hablar de la violencia de los desahucios, cuyo sangrante
goteo deja sin hogar a familias enteras todas las semanas.
No hace falta que insista mucho en ello, porque todas y todos conocemos el
relato, pero desde que el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero
Español pactaran la modificación del artículo 135 de la Constitución -esa
"intocable" carta magna-, las condiciones sociales de toda la
ciudadanía no han hecho más que empeorar. Contentar a la Troika y poner la
deuda (una deuda en muchos sentidos ilegítima) por delante de las
personas, ha acelerado súbitamente el ritmo de pauperización social y económico
de la ciudadanía. En los municipios de la Comunidad de Madrid, especialmente en
el sur, estamos comenzando a ver la profundización de dicho acuerdo con la
nueva Ley de
Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local: gracias a
ella, el neoliberalismo y el capitalismo más depredador bajan de escala, se
instalan en cualquier lugar de la Comunidad de Madrid, y se disponen a ejecutar
un proceso de privatización, destrucción de derechos y competencias municipales
jamás visto.
Justo cuando la gente necesita unos Servicios Sociales
fortalecidos, renovados y capaces de apoyar a la ciudadanía, dichos servicios
corren el riesgo de la externalización y privatización con las nuevas reformas.
El criterio, cómo no, es político y sólo aparentemente económico, nunca humano: ese tramposo “lo que
no pueda financiarse, que se privatice”. Como si esto solucionase algo, como si pudiéramos prescindir de lo más básico. Ya
hemos visto lo que sucede en la sanidad cuando las lógicas
contradictorias del beneficio económico y el cuidado se ven obligadas a
coexistir: una precarización radical de la vida. Pues bien, ese será el futuro
de los derechos y servicios sociales de la ciudadanía si nadie es capaz de
frenar el proceso. La misma estrategia se extiende a todas las demás áreas: la
enseñanza, la sanidad, el ocio y el deporte, la cultura, etc. De seguir así, asistiremos a un
proceso de dualización
general de la sociedad, de nuestras formas de vida,
que destruirán cualquier forma de cohesión social a medio y largo plazo.
Podemos Ganar
Madrid
Cuando muchos apostamos por Podemos como
herramienta para impulsar una transformación política y social, lo hicimos
pensando en frenar el proceso de desposesión colectiva arriba descrito.
Entendimos que se abría una oportunidad única para el asalto institucional
a todos los niveles y escalas de gobierno: se trataba -y se
trata- de ganar desde
el Estado hasta el más pequeño concejo. Dentro de estas escalas, el ámbito
autonómico es fundamental, y la Comunidad de Madrid
será decisiva para revertir el expolio que los gobiernos del PP y el
PSOE llevan años practicando sobre la gente.
Ahora es tiempo de elecciones para Podemos en Madrid, y el partido necesita
contar con un Consejo Ciudadano que posea auténtica
implantación territorial, un conocimiento profundo
del entorno y sus problemas. En este sentido, y a pesar de la gente valiosa
que hay en otras candidaturas –un hecho innegable–, dudo mucho que alguna de
ellas pueda equipararse a PodemosGanar Madrid. No son sólo
los nombres y las caras, sino la potencia
del proyecto, su mirada sectorial y territorial. Podemos Ganar Madrid
aglutina en su candidatura a especialistas sobradamente competentes en economía, ecología,
justicia, sanidad, género, educación, inmigración o participación;
hablamos de referentes en la lucha por los derechos sociales y militantes de
diversas generaciones (Miguel Urbán, Jorge Riechmann, Beatriz Gimeno, Cecilia
Salazar, Alberto San Juan, Jaime Pastor, Luis Montes, Rommy Arce, Alba
Contreras, Diego Pacheco, Isabel Serra, Jacinto Morano, etc.), una conjunción
esencial para practicar una política consistente.
Pero lo importante de la candidatura –repito– no son sólo los nombres, sino
también su proceso de elaboración. Lejos del secretismo, el golpe de teléfono o
la estrategia desde arriba, Podemos Ganar Madrid ha apostado por la apertura y
la horizontalidad, por el espíritu que ha hecho que Podemos marque la
diferencia para la gente de a pie: una confección de la candidatura desde
abajo, transparente, que ha contado con la invitación de los
Círculos de Madrid y que –haciendo gala de inteligencia colectiva– ha
construido su programa y organización de forma abierta y participada. Y hay
que señalar que las formas en política son muy importantes.
Las formas son importantes, decía, porque muestran –entre otras cosas– las
relaciones que recorren el cuerpo de los colectivos. En el caso de Podemos
Ganar Madrid, hemos podido ver la porosidad de sus dinámicas, su apertura hacia
un exterior –el de la ciudadanía y los movimientos sociales– que
ya no quiere ser gobernado como antes, que busca construir otros nexos
políticos de sentido que den forma a una nueva cultura democrática, alejada del
régimen del 78. Esto es esencial, porque si algo nos ha demostrado la ola de
movilizaciones iniciada en 2011 con el 15M, es que la gente quiere participar,
quiere ser consultada y convertirse en algo más que un mero interlocutor
publicitario en período de elecciones. Podemos Ganar Madrid, desde su propia
constitución como candidatura, ha mostrado un firme compromiso y una
sensibilidad fuera de lo común en esta dirección. Ha vuelto a dotar al
significante gente, tan utilizado por Podemos, de toda su densidad
humana, participativa y cooperativa. Un Consejo con gente así, con gente del
común en diálogo con el propio común, es lo que necesita la Comunidad de Madrid
para ganar. Por todo ello, yo votaré Podemos Ganar Madrid.
Coda
(1) Personalmente, y como participante en Podemos,
considero un grave error que se me haga votar una lista. Es decir, me parece
erróneo que el juego democrático y de organización interna de Podemos se
desarrolle en torno a listas en competencia que poseen distintos “avales” La
desigual proyección mediática y carismática de estos avales (la lista oficialista
de Pablo Iglesias, las demás listas) desequilibra en exceso las
posibilidades de las candidaturas (aunque eso ya lo sabemos). Si en lugar de
listas se presentasen candidaturas individuales y se acordasen criterios de
promoción, la lista final de consejeras y consejeros sería mucho más plural y
potente. Además, se confiaría en el criterio de la gente, sin aderezos ni
marcas. (2) El error de las listas se incrementa al poder votarlas “en
plancha”, lo cual impide construir una trama organizativa plural, integradora y
cohesionada. Esto no sólo desgasta a los equipos que han hecho campaña, sino
que supone un desperdicio de capital militante que Podemos no debería
permitirse. Porque es esa militancia la que en un futuro próximo deberá dotar
de implantación social a la organización política, y esto sólo se consigue con
una lógica aglutinante y pluralista, muy lejos de los cierres y los dimes y
diretes de la competencia (que puede llegar a ser auto-destructiva o, cuanto
menos, asfixiante). (3) Para terminar, considero que el abandono de la
innovación democrática y la implantación social en favor una supuesta eficacia
electoral –un sofisma, pues no tienen por qué estar reñidas– ha hecho y hará un
flaco favor a la organización. Algunos de los problemas que padecemos hoy día
son, en gran medida, efecto de esto último. En un futuro tendremos que
vérnoslas con contextos más complejos, alejados de lo mediático y lo electoral,
y entonces quizá tengamos que afrontar los errores con mayor dificultad.
